Curiosidades

Mandamientos del Matrimonio

Los mandamientos del matrimonio son la base de la unidad familiar. En esta sociedad y en esta época, la familia es la unidad más integrada, la que mejor logra perpetuarse y la que se autoprotege mejor. Cuando las personas tienen problemas con el matrimonio, es que esperan que funcione automáticamente. Creen que seguirá existiendo sin ningún esfuerzo de su parte; por desgracia, no es así. Se tiene que crear.



Mandamientos del Matrimonio

 

Mostrar respeto

Toda persona merece respeto. En un matrimonio, nunca es apropiado degradar a la pareja, y la violencia física no es aceptable en ninguna relación. Si tu matrimonio se desintegra entre riñas y peleas, recuerda que a veces es mejor ser feliz que tener razón.

 

Ser fiel

El adulterio es la forma más rápida de destruir un matrimonio. Protege a tu matrimonio de caer en la pendiente resbaladiza de la infidelidad. Cuida que tus interacciones sean inocentes en este mundo de contacto constante a través de los celulares y redes sociales.

 

Nunca echar al otro en cara los errores del pasado.

La persona es siempre más que sus errores, y a nadie le gusta ser caracterizado por sus defectos. Toda vez que acusamos a alguien de sus errores pasados, estamos trayéndolos de vuelta y dificultando que se libre de ellos. Ciertamente no es esto lo que queremos para la persona amada. Es preciso todo cuidado para que esto no ocurra en los momentos de discusión. En estas horas lo mejor es mantener la boca cerrada. El que esté más calmado, el que se controla más, debe quedar quieto y dejar al otro hablar hasta que se calme. No replicar con palabras, si no la discusión aumenta, y todo lo malo puede pasar, en términos de resentimientos, ansiedades y dolorosas heridas.

 

En los tiempos horribles de la “guerra fría”, cuando pendía sobre el mundo todo el peligro de una guerra nuclear, como una espada de Damocles sobre nuestras cabezas, el Papa Pablo VI avisó al mundo: “la paz se impone solamente con la paz, por la clemencia, por la misericordia, por la caridad”. Ahora, si esto es válido para que el mundo encuentre la paz, mucho más es válido para que todos los matrimonios vivan bien. Por tanto, como enseña Tomás de Kempis, en la Imitación de Cristo, “primero consérvate en paz, después podrás pacificar a los demás”. Y Pablo VI, ardoroso defensor de la paz, decía: “si la guerra es el otro nombre de la muerte, la vida es el otro nombre de la paz.” Por tanto, para haber vida en el matrimonio, es preciso que haya paz; y ésta tiene un precio: nuestra madurez.

 

Encontrar el equilibrio

Cultiva amistades y aficiones que se complementen, pero que no dependan de tu matrimonio. Al mismo tiempo, pasa tiempo de calidad con tu pareja todos los días. Si eres una persona equilibrada en todo sentido, serás una mejor pareja.

 

Serás agradecido

Toma la decisión consciente de dejar de lado las pequeñas molestias y dedicar más energía mental para pensar en todo lo que te gusta de tu pareja. Tu pareja hace mucho por ti, hazle saber que estás agradecido.

 

Por lo menos una vez al día, decir al otro una palabra cariñosa.

Muchos tienen reservas enormes de ternura, pero olvidan expresarlas en voz alta. No basta amar al otro, es preciso decir esto también con palabras. Especialmente para las mujeres, esto tiene un efecto casi mágico. Es un tónico que cambia completamente el estado de ánimo, humor y bienestar. Muchos hombres tienen dificultad en este punto; algunos por problemas de educación, pero la mayoría porque aún no se han dado cuenta de su importancia. Como son importantes esas expresiones de cariño que hacen crecer al otro: “te amo”, “eres muy importante para mí”, “sin tu no habría conseguido vencer este problema”, “tu presencia es importante para mí”; “tus palabras me ayudan a vivir” … Di esto al otro con toda sinceridad y experimentarás lo importante que es.

 

Tener comunicación

Tu pareja tiene un montón de cualidades maravillosas, pero nunca ha sido ni será un adivino. Y aunque probablemente quiera darte el mundo entero, tú debes decirle lo que necesitas. Hazte cargo de tus sentimientos, sé honesto y dile lo que sientes.

 

Tomar decisiones juntos

Evita los problemas graves presentando un plan de acción para la vida en pareja. Todas las decisiones importantes, incluido el trabajo, la casa, la educación de los niños y cómo gastar el dinero, tienen que ser acordados por ambas partes. En un matrimonio igualitario, ambos deben sentir que su opinión es valiosa y tiene peso.

 

Saber perdonar

Ruth Graham Bell dijo una vez: «Un buen matrimonio es la unión entre dos personas que saben perdonar.» Todos cometemos errores. Sin embargo, a veces esos errores perjudican a la persona que más amamos — nuestra pareja. Sé generoso e indulgente cuando tu pareja comete un error y a ti te perdonarán más rápido tus imprudencias.

 

Si cometes un error, saber admitirlo y pedir perdón.

Admitir un error no es una humillación. La persona que admite su error demuestra ser honrada, consigo misma y con el otro. Cuando nos equivocamos no tenemos dos alternativas honradas, sólo una: reconocer el error, pedir perdón y procurar remediar lo que hicimos mal, con el propósito de no repetirlo. Esto es ser humilde. Actuando así, incluso nuestros errores y caídas serán momentos para nuestra maduración y crecimiento. Cuando tenemos el valor de pedir perdón, venciendo nuestro orgullo, eliminamos casi en seguida el motivo de conflicto en la relación, y la paz vuelve a los corazones. ¡Es noble pedir perdón!

 

Honestidad

Nunca es bueno mentir a la pareja, aunque la mentira parezca intrascendente en el momento. Nunca ha salido nada bueno de la mentira.

 

Ser cariñoso

La forma más rápida de animar un matrimonio es añadiéndole un poco de amor. Solo con estar cerca físicamente a tu pareja puede provocar que tu relación pase de ser monótona a ser maravillosa. Tómense de las manos, despídete de tu pareja con un beso, y prolonga un poco el tiempo de los abrazos.

 

Ser amable

Tenemos un mantra en nuestra casa: a palabras amables, suaves respuestas. Recuerda de qué manera le hablabas a tu pareja cuando eran novios y trata de mantener esa manera de comunicarse a lo largo de todo tu matrimonio.

 

Nunca enfadarse al mismo tiempo.

A toda costa evitar la explosión. Cuanto más complicada es la situación, más necesaria es la calma. Entonces, será preciso que uno de los dos accione el mecanismo que asegure la calma de ambos ante la situación conflictiva. Es necesario convencernos de que la explosión no traerá nada bueno. Todos sabemos bien cuáles son los frutos de una explosión: sólo destrozos, muerte y tristeza. Por tanto, jamás permitir que la explosión llegue a producirse. D. Helder Câmara tiene un bonito pensamiento que dice: “Hay criaturas que son como la caña de azúcar, incluso puestas en el molino, aplastadas, reducidas a pulpa, sólo saben dar dulzura…”

 

Nunca gritar uno a otro.

Quien tiene buenos argumentos no necesita gritar. Cuanto alguien más grita, menos se le escucha. Si gritar resolviese alguna cosa, ningún puerco moriría (…) Gritar es propio de quienes son débiles moralmente, y necesitan imponer con gritos aquello que no consiguen por los argumentos y por la razón.



El matrimonio no es un compromiso de un solo día, sino más bien la elección diaria de amar a la pareja lo mejor que se pueda. Así como los 10 mandamientos originales nos enseñan la moral, el desarrollo de un conjunto de mandamientos para el matrimonio nos permite a amar a nuestra pareja de una manera más plena. Siéntate con tu pareja y dediquen algún tiempo para discutir los valores que honran en su matrimonio. Ponerse de acuerdo sobre su propio conjunto de mandamientos matrimoniales les mantendrá en el camino hacia un matrimonio duradero y satisfactorio.

 

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